lunes, agosto 09, 2010

todo un caballero

Hoy no hablo yo. Hoy habla una escritora y unos hechos por sí solos.

He traducido la carta que una escritora albanesa escribió a un periódico italiano después de una frase que dijo Silvio Berlusconi, en una rueda de prensa después de reunirse con el presidente de Albania, Sali Berisha, pocos días después de volver Messina, en mi segunda y última etapa del Erasmus en tierras italianas.


"Excelente señor presidente del Consiglio,

le escribo a través de un periódico que usted no lee, pero le debo algunas palabras, porque el viernes, su sentido del humor indolente ha tocado gente muy querida para mí: "las chicas albanesas guapas". Mientras el presidente de mi país de origen, Sali Berisha, confirmaba el compromiso de su Ejecutivo en la lucha contra los contrabandistas, usted puntualizó que "para quien trae chicas guapas podemos hacer una excepción". Yo, esas "chicas guapas" las he encontrado, he encontrado a decenas, de noche y de día, escondidas de sus proxenetas, las he seguido desde Milán hasta Sicilia. Me han contado flashes de sus vidas violadas, estranguladas, devastadas. A Stella, sus dueños habían grabado en sobre el estómago una palabra: puta. Era una chica guapa, con un defecto: raptada en Albania y transportada a Italia, se negó a andar sobre la acera. Después de un mes de abusos colectivos por obra de proxenetas albaneses y socios italianos, le tocó recogerse. Conocía las aceras del Piamonte, del Lazio, de la Liguria y quién sabe cuantos otros. Es sólo entonces, tres años más tarde, que le han grabado en su vientre su profesión: así, por juego o por diversión.


En sus tiempos era una chica guapa, sí. Hoy sólo es un desecho de la sociedad, ya no se volverá a enamorar, nunca será madre ni abuela. Aquel "puta" sobre su vientre le ha borrado cualquier atisbo de esperanza y confianza en el hombre, la masacre de los clientes y proxenetas ha destruido su útero. Sobre las "chicas guapas" escribí una novela, publicada en Italia con el título "Sole bruciato" ("Sol quemado"). Años más tarde se grabé un documental para la televisión suiza: fui en busca de otra hermosa muchacha, se llamaba Brunilda, su padre me había pedido entre lágrimas que investigara sobre ella. Era un padre como tantos otros padres albaneses cuyas hijas habían desaparecido, secuestradas, mutiladas, colgadas boca abajo en mataderos abandonados si osaban rebelarse. Era un padre como usted, Presidante, sólo que menos afortunado. Y todavía hoy el padre acepta que su hija haya muerto para siempre, ahogada en el mar o ejecutada en algún lugar de los suburbios. Continúa esperando, sueña un milagro. Es una historia larga, Presidente... Pero si pudiera contar con su atención le enviaría una copia de mi libro, o le expediría el documental, o charlaría de buena gana un par de veces con usted. Pero le aviso, señor Presidente: a las bromas respondo, no me las trago. En nombre de cada estrella, Blanca, Brunilda y sus familias, les debía estas pocas líneas. En estos veinte años de difícil transición, Albania se ha infligido mucho sufrimiento y muchas heridas con sus propias manos, pero en el pueblo albanés también crece el deseo de finalmente poder caminar con la espalda recta y la cabeza alta. Albania ya no tiene paciencia ni la comprensión para humillaciones gratuitas. Creo que si dejara de considerar el drama humano como material para chistes de bar en mal momento, sólo ganaría.

Me parece que esta "broma" se ha subestimado en los últimos días en los que destaca el caso Bertolaso, pero se une profundamente al pensamiento y a las acciones de gente como Berlusconi y compañía, pensamientos y acciones en las que el respeto a la mujer se pone bajo los pies cada día, acciones que no son menos criminales que aquellas de los que explotan a las niñas de Albania, sólo se camuflan bajo gestos galantes encubierta o regalos caros profundamente que me averguenzan profundamente y pido perdón también yo a todas las mujeres albanesas."

Merid Elvira Dones.


Para entender mejor el contexto, por aquellos días se hablaba más del caso Bertolaso, que conocerás por las famosas fotos de una orgía que habría organizado Silvio Berlusconi para convencer a su dirigente de Protección Civil, Guido Bertolaso, de incrementar la dotación presupuestaria para la reunión del G8 que se tenía que celebrar por entonces.

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